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16 de abril de 2009

Cartas para tí.


Loveletter.
Querido tú.

Y tan solo una hora para ver tu sonrisa. Tan solo una hora para oír ese timbre, si no quieres que te vaya a buscar. Y tan solo, en un minuto mi corazón late cada vez más. Me duele el pecho, estoy nerviosa, esclava de tos tictacs, que sin ritmo y en prosa, marcan el final de mi espera, al ver tu llegada mi miseria se funde. Mi sonrisa aparece, mi impaciencia se hunde en este jardín de placeres y risas. Y con sólo tu y yo, podremos vivir aunque sean un par de horas solos, sin nadie más. Deja que la música invada tu presencia y que nos guíe la verdad, la realidad que nos depara de estar tan poco tiempo juntos. Hoy me viene a la memoria el día que nos conocimos, tímidos, en un país conocido, pero a 8 horas de casa. Curiosa de mí, intenté intercambiar unas palabras contigo, que resultaron ser tiernas y graciosas. Me encapriché de tí en silencio, puesto que no tenía muy claro lo que quería contigo, pero te apreciaba. Apreciaba tu compañía en clase, tu alegría, tus desfases. Y te echaba de menos, a veces. Cuando íbamos de excursión por New York, yo con mi grupo y tu con el tuyo, esperaba que me tocara contigo. Pero nunca pasó eso. Aunque después de todo nos veíamos 3 horas al día, y charlábamos, nos reíamos, compartíamos gustos, como la fotografía o el dibujo, y todos los días con la ilusión de poder sentarme a tu lado, que me sonrías como hacías cada mañana, con esa luz suave que atravesaba la ventana. Mis días sin ti empezaron a ser amargos, sin vida, grises, y cada vez que te veía apartabas la mirada, yo sonrojada, temblorosa, soltaba un 'hola'. Los últimos días fueron cada vez más largos. La clase había cambiado y ya no estábamos tanto tiempo juntos, a veces te preguntaba si querías comer con nosotros, o algo así. Para poder verte un poquito más. Poco después se supo mi afecto hacia ti por algunas personas, de mi grupo en detalle.
Una noche, en el gimnasio, sentí un toque suave en la espalda. Me giré. Y vi la carita más dulce que presencié en toda mi vida. Solo cuatro palabras se oyeron. Y no hacía falta decir más. Todo estaba dicho. Dos cuerpos que se quieren rodeados de luciérnagas en una noche de Julio en una ciudad lejana. Hoboken, te extraño. Y a ti, a ti también te extraño.


Y un día comprendí que quería estar contigo hasta la muerte, pase lo que pase.

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Flowers are growing all over my bones.

No pretendo en absoluto ser la más famosa de todo Blogger, no. Lo que intento es tener un rinconcito en la web para que amantes de la literatura y adictos al placer de escribir se tomen unos minutos para leer algún que otro relato, algún que otro párrafo y para opinar sobre mis minutos de tecleo nocturnos. La verdad, prefiero que os sinceréis conmigo criticando mis poligrafías de manera constructiva; -pues siempre se aprende más de lo que te han enseñado, reprochado y corregido-, que digáis 'está muy bien.' Por una vez, quiero que me juzguen por lo que escribo.