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29 de noviembre de 2009

Te hace sentir como nadie.




Placer. Cada vez que pronuncio esa palabra me gusta más. Me gusta como mi lengua se desliza por mi paladar. Y si se dice en voz baja, es aún más sensual. Es una palabra que refleja su significado, sientes el placer de decirla. Quiere decir lo mismo que éxtasis, pero tiene su magia. La magia de sentir como una gota de sudor recorre tu hombro suavemente visitando tu cintura y cayendo al colchón. La magia de convertir un vulgar jadeo en más placer, y de acariciar su cuerpo de terciopelo, sintiendo así sus latidos por segundo.
Sin duda, echo de menos el placer.

19 de noviembre de 2009

No te enamores de ningún ser superior; y menos si eres ángel.

Creíase antiguo el cuento del ángel y la Diosa del agua. Se narraba en los pequeños pueblos cerca de un río en la plaza del reloj por un cuentacuentos o un juglar del pueblo de al lado. La historia contaba el imposible romance entre un Ángel y Anfitrida, la Diosa del agua.



Antigüamente se consideraba el amor entre Ángel y Dios como pecado mandando a ambos al infierno, y el caso no se dió ninguna vez. Se recuerda que un joven ángel, llamado así como algún derivado de Dios Romano, decidió observar más de cerca el planeta de los mortales, así que con sus lúcidas alas atravesó las nubes y voló en picado hasta la Tierra. Surco colinas y bosques, mares y acantilados; y decidió descansar en un río. Lavándose la cara, percibió unos ojos marinos que le sujetaban la mirada. ¿Quién eres? Un rostro salió a la superficie, sin dejar de mirarle. Me llamo Anfitrita. Vivo aquí. Soy la Diosa del agua. Todopoderosa dueña de los océanos, de las orillas y de los ríos. Ángel, ¿te has perdido? No, simplemente tenía que visitar esto. Necesitaba ver cómo vivían los mortales. Anfitrita le echó una sonrisa, y se lo llevó con los ojos más cerca del agua. Viven bien, mantenemos la paz aquí. Los titanes, encerrados, no molestan. Los únicos que provocan los males son los mortales mismos. El ángel llevaba tanto tiempo mirando sus ojos que acabó encerrado en ellos, y se enamoró de la ninfa acuática, dejándose llevar por su belleza.
Después de una larga conversación, el ángel debía partir. Lo siento, Anfitrita, tengo que dejar la tierra para volver al cielo. Te prometo que iré a visitarte cada día para que no te sientas sola, amiga mía. La Diosa aceptó su promesa y decidió esperarle hasta el día siguiente.
A primeras horas de la mañana, la mujer del agua se despertó por unos aleteos que vacilaban al lado suya. Era aquel ángel, que había cumplido su promesa. Estuvieron hablando hasta el atardecer cuando el ángel tenía que volver, y marchaba cielo arriba, sin mirar atrás. Y así pasaban los días. El siempre iba a visitarla, y acabaron enamorándose.
Una mañana, antes de irse, llegó el trono soberano de los Cielos. He recibido un mensaje de Zeus. Me dice que andáis en un romance con la Diosa Anfitrita. Es cierto, respondió, imaginando sus bellos ojos y su esbelta figura moviéndose debajo del mar. El trono gesticuló una mueca de sorpresa, y le comunicó. ¡Ángel! Es una Diosa. No puedes querer a una Diosa. Los Cielos no lo permiten, y acabarás expulsado al infierno. El ángel, sorprendido por aquella ley, asintió y retomó su viaje.
Fue a verla un vez más para comunicarle esa noticia y no pudo. Le abrumaron tanto sus ojos, su boca, su aspecto celestial, que calló. Y se vieron otro día más.
Esa misma noche, al volver a las nubes, el ángel se encontró al trono esperándole. Has vuelto, ángel. Escuchadme Trono, la amo. Amo a Anfitrita, y mientras no muera, la estaré amando. En el infierno, incluso la seguiré amando, por que no tengo otra cosa en al que pensar. Por mi condición no puedo amarla, por ser un ángel y ella una Diosa, por haber nacido del cielo y ella de las tierras. Por eso mismo voy a seguir con ella. Tarde o temprano, moriré, pues soy el más mortal de los dos.
El trono hizo su trabajo, y Anfitrita se quedó esperando la visita de aquel ángel por toda la eternidad.

Y así fue. Quemárase en el infierno siendo un ángel.




nota: Trono: soberano de los ángeles en cuanto a Justicia.

15 de noviembre de 2009

Aquella jodida amistad



Cuando caminábamos, nos gustaba hablar de nuestros pasados; aunque casi siempre era la misma historia. Mientras guardaba mis cosas en el bolso siempre caía algo al suelo, y siempre estabas tú para recogerme aquella moneda o aquel ticket de metro. Las risas naturales fluían de vez en cuando en nuestro relato autobiográfico, adornando las anécdotas con una carcajada en voz baja. Lo pasábamos bien. Siempre sonreías. Siempre que sonreías, sonreía igual. Me gustaba verte bien, y lo estabas. No te preocupabas por nada, sólo me escuchabas y te dedicabas a mí. Tu tono de voz era tan armónico, que parecía que cantabas, y la prosa que soltabas se convertía en una sinfonía llena de sentido para ambos. Aunque eran tan solo vocablos, podía decir que eran míos, por que sólo yo escuchaba esas palabras tan sinceras, ni siquiera tu mejor amigo, ni tu novia, ni tus padres. Sólo yo. Por que sabes que quién más te conoce de veras he sido yo. Y quién más ha sacado de tu interior he sido yo. Quién más atención te ha prestado nunca, quién más te ha escuchado, quién más noches ha pasado contigo, quién mejor te ha entendido, he sido yo.
Últimamente las cosas están distintas. Ya no me llamas, ya no te veo, ya no hablamos, ya no preguntas ni te interesas por mí. Yo no sé nada de ti, aunque aún me acuerdo de estos momentos (que supongo que ya habrás olvidado), y que sigues en mi corazón como todos mis amigos.
Amistad. ¿Quién? Claudia, Marta, Inés, Emi, si acaso... Thous, y poco más. Muy poco más.
Por que hay gente que te importa a la que tú no le importas. El ejemplo perfecto. Pero por otro lado, hay gente que es tu vida.

14 de noviembre de 2009

No te dejes llevar en coche por la mañana.



-Hola.
-Buenos días.
-Quítate esos ojos, que los llevas maquilladísimos.
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-Sí.
-¿Te importa tanto como lleve los ojos?
-Quiero que estés guapa.
-Yo me veo guapa así.
-Anda, quítatelos.
-Pero...¿qué más te da?
-Pues... bastante, más de lo que crees.
-¿Sí o qué?
-Quiero que estés guapa para mí. Quiero darme cuenta de que tú vales más que Esther.

9 de noviembre de 2009

Memento Mori.

Es todo tan sumamente vacío, que hasta mi sombrero negro ya no saca conejos blancos. Se ha vuelto todo tan sinsentido, todo tan frívolo, que ya ni importa lo que no importa. Instínticamente sobrevivimos, sin necesidades, sin cuidados, sin metas. Sólo estar, y estar. Si te puedes matar un poco más, lo haces; sea de la forma en la que sea. Como he dicho antes, ya no importa ni lo que nos era importante (y no lo era para el resto de las personas). Ahora, suicidarse es una rendición, y ésto es como un concurso. Como un reality show, a ver quién aguanta más. ¿El premio? Matar a alguien, meterte unos tiros de zarpa, volverte anoréxica. Ya no importa. No importa como lo hagas, si no hasta dónde llegues. Hasta dónde puedes volverte loco. Si ya, total. Memento Mori. Es algo que debe pasar. Si eres generoso, ¿cómo se te recompensa? Si te vas a morir igual, tarde o temprano. Se ve todo tan transparente, tan lejano y tan poco importante, que es lo mismo. Lo mismo que todo. Te sientes igual de vacío, igual de poco completo. ¿Qué importa lo que haya después de la muerte, si sea lo que sea, aún no se ha manifestado? No debe ser nada. Pero sé que más vacío que en la vida en sí no puedes estar.

4 de noviembre de 2009

Dibújame.

Dibújame...¡una vaca! Pero no una vaca normal. Ponle... manchas en forma de estrella... y... ¡azules!
Dibújame una palmera al lado con frutas de colores, que si no la vaquita morirá de penuria y... como me gusta mucho, no la hago pasar hambre.
Dibújame también un río con un agua cristalina, ¡esta vaca sólo bebe la mejor agua!
Dibújanos. Me apetece vivir allí. Alejada de todo, y junto a ti. Pero espera. ¡Dibújame mas guapa! ¡Quítame esa nariz! Ah, y hazme sonreír. Tengo que estar feliz en ese lugar.
Dibújame detrás un bosque de pinos. Un bosque enorme... ¡que no termine nunca! Y al final... traza unos montes nevados, muy a o lejos.
(...)
¿Crees que lo que dibujas se hace en la realidad?
Sí. Mira, me dibujaste una sonrisa en el lienzo. Ahora mírame. Me has dibujado una sonrisa. Seguro que en unos instantes se podrá ver nuestra vaca de manchas de estrellas.

Flowers are growing all over my bones.

No pretendo en absoluto ser la más famosa de todo Blogger, no. Lo que intento es tener un rinconcito en la web para que amantes de la literatura y adictos al placer de escribir se tomen unos minutos para leer algún que otro relato, algún que otro párrafo y para opinar sobre mis minutos de tecleo nocturnos. La verdad, prefiero que os sinceréis conmigo criticando mis poligrafías de manera constructiva; -pues siempre se aprende más de lo que te han enseñado, reprochado y corregido-, que digáis 'está muy bien.' Por una vez, quiero que me juzguen por lo que escribo.