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10 de mayo de 2009

Migraña de las que duelen.


Sentada en el sofá con unas amigas más, estaba yo observando con unos ojos desgarradores tu trayecto, y balanceaba mi mirada de arriba a abajo. Hazme caso. Estaba medio dormida, pero seguía persiguiéndote por todo el piso para que me mirases, o me dijeses algo. Mis amigas se extrañaban porque pasabas de mí. Llevábamos saliendo una semana y pico, así que no entendíamos porqué ese pasotismo. Horas antes -pongamos una y media- me acerqué a ti, te agarré y susurré tu nombre con dulzura, y con un no de rechazo te marchaste a otro sitio. Eso me dolió. Mucho. Me hizo sentirme una muñeca, e hizo que yo te sintiese a ti como a la niña caprichosa de  cinco años que coge la muñeca, juega un día y la deja otra vez en la caja. Así me sentía yo, destrozada, desmoronada, desvalorizada. Pero tu seguías, paseándose y hablando con más chicas. Mis amigos se acercaron y dijeron lo que suelen decir los amigos: es un imbécil. Te quiero, joder, pero me duele.Me duele que me trates así.  Siento, padezco, existo. Aunque no creo que tu lo veas. Después de hablar mucho tiempo con todos -con cada uno su opinión, desde la más radical hasta la mas suave- aunque todos ellos saben que no tienes razón para ponerte así. Porque yo sufro. Sabes, sufro. Y es que te quiero. Pero este masoquismo de amor platónico es ridículo. Tu me quieres, yo te quiero. Pero tu quieres hacerte el macho ibérico que soporta todo y me ignoras por no haberte saludado en su momento. En fin, yo sigo en la caja y estoy esperando a que vuelvas a jugar conmigo. Pero esto se va a acabar ya.
Estoy harta de tus rebotes sin sentido, de tus borderías, de tus juegos, de ser tratada como tu subordinada, de tu poca delicadeza, de tu personalidad y de tus cambios de humor.
Yo también tengo mal genio, ya me estas leyendo, estoy hartísima de estas sandeces que no sé porque las haces, pero entiéndeme, tengo más argumentos que tú. Y pensaba que podía confiar en ti. Que volvería a querer a alguien, pero es absurdo. Tu me tratas mal. ¿Porqué? ¿Porque no te he dicho hola? Tarde o temprano te lo diría, y bueno, debería de haberte saludado, o deberías de haberme dicho algo. Si tanto te importa que no te salude pues hablas conmigo, pero no te haces el crío y juegas a a ver quien es el más borde. Venga, tranquilízate, Lo nuestro no es un jodido juego, ¿va? A mí -como a 7 millones más de madrileñas- les afectan estas cosas. Porque creía que ya habías pasado esa etapa de madurar. Ya eres mayorcito, cielo; deberías pensar un poco más en la gente y no solo en tus bienes personales. Estas tú, y bueno, pensaba que estaba yo. Pero veo que nos lo pasamos bien viendo a Sara mal. Que es divertido que se desmorone en tu cara. Claro, como Sara es mi muñeca. Así veo que piensas. Siempre está Sara para tus necesitades, que si esto, que si lo otro. ¿Para qué ser delicado con ella, para que quererla más, para que importarme por ella? Si, total, va a hacerlo de todos modos. Me has decepcionado.

2 comentarios:

daltonicadelespacio dijo...

Pues si, deberia pero esque aparecen cuando menos los necesitas y luego se esconden..no habia manera de que paloma encontrara los gatitos! ademas, ella los recogió..debe cuidarlos..no se puede deshacer tan facilmente de ellos, por malos que sean

Lizzyh dijo...

Eso tiene ser muñeca. Quieres mucho, das mucho, esperas algo y te quedas decepcionada en un rincón lleno de polvo que acaba por ahogarte. Lo bueno de no ser cien por cien muñeca es que puedes levantarte y decir BASTA.

Muases, Elle :)

Flowers are growing all over my bones.

No pretendo en absoluto ser la más famosa de todo Blogger, no. Lo que intento es tener un rinconcito en la web para que amantes de la literatura y adictos al placer de escribir se tomen unos minutos para leer algún que otro relato, algún que otro párrafo y para opinar sobre mis minutos de tecleo nocturnos. La verdad, prefiero que os sinceréis conmigo criticando mis poligrafías de manera constructiva; -pues siempre se aprende más de lo que te han enseñado, reprochado y corregido-, que digáis 'está muy bien.' Por una vez, quiero que me juzguen por lo que escribo.