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14 de octubre de 2009

Cinco del seis.


Mis párpados no mentían. Iba a ser él, y lo sabía, aunque me concienciase de su improbabilidad. Por dentro eran pequeños golpes al corazón a ver si despertaba y apretones en el pecho, impidiéndome respirar fuerte. Shh... deja que el silencio hable, me decía mi pequeño órgano, y me tapaba los labios delicadamente, esperando a que él se acercase, y se perdiese en mi retina. Latidos a cinco mil seiscientos por hora me desconcentraban, y solamente deseaba una cosa en ese momento. Que durara mucho, mucho tiempo, en el mismo sitio, los dos mirándonos y esperando a que no pasen las cinco y seis de la tarde. Él dejó escapar vocablos que no quise entender, y ahí nos quedamos. Congelados en medio del mundo, y mi corazón dándole las gracias a aquel cinco de mayo, en el que me ofreció su amistad y sus ojos pardos e infinitos.

3 comentarios:

Kuka Skull dijo...

Me he enamorado de este.
Increíble, como siempre :)
Un besazo!

Hollie A. Deschanel dijo...

Y la amistad durará, seguro que sí :)

Muás!

Guillo dijo...

muy lindo
cuanta delicadeza al narrar.
muy fino
que importante es dar amistad...

Saludos

Flowers are growing all over my bones.

No pretendo en absoluto ser la más famosa de todo Blogger, no. Lo que intento es tener un rinconcito en la web para que amantes de la literatura y adictos al placer de escribir se tomen unos minutos para leer algún que otro relato, algún que otro párrafo y para opinar sobre mis minutos de tecleo nocturnos. La verdad, prefiero que os sinceréis conmigo criticando mis poligrafías de manera constructiva; -pues siempre se aprende más de lo que te han enseñado, reprochado y corregido-, que digáis 'está muy bien.' Por una vez, quiero que me juzguen por lo que escribo.