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15 de noviembre de 2009

Aquella jodida amistad



Cuando caminábamos, nos gustaba hablar de nuestros pasados; aunque casi siempre era la misma historia. Mientras guardaba mis cosas en el bolso siempre caía algo al suelo, y siempre estabas tú para recogerme aquella moneda o aquel ticket de metro. Las risas naturales fluían de vez en cuando en nuestro relato autobiográfico, adornando las anécdotas con una carcajada en voz baja. Lo pasábamos bien. Siempre sonreías. Siempre que sonreías, sonreía igual. Me gustaba verte bien, y lo estabas. No te preocupabas por nada, sólo me escuchabas y te dedicabas a mí. Tu tono de voz era tan armónico, que parecía que cantabas, y la prosa que soltabas se convertía en una sinfonía llena de sentido para ambos. Aunque eran tan solo vocablos, podía decir que eran míos, por que sólo yo escuchaba esas palabras tan sinceras, ni siquiera tu mejor amigo, ni tu novia, ni tus padres. Sólo yo. Por que sabes que quién más te conoce de veras he sido yo. Y quién más ha sacado de tu interior he sido yo. Quién más atención te ha prestado nunca, quién más te ha escuchado, quién más noches ha pasado contigo, quién mejor te ha entendido, he sido yo.
Últimamente las cosas están distintas. Ya no me llamas, ya no te veo, ya no hablamos, ya no preguntas ni te interesas por mí. Yo no sé nada de ti, aunque aún me acuerdo de estos momentos (que supongo que ya habrás olvidado), y que sigues en mi corazón como todos mis amigos.
Amistad. ¿Quién? Claudia, Marta, Inés, Emi, si acaso... Thous, y poco más. Muy poco más.
Por que hay gente que te importa a la que tú no le importas. El ejemplo perfecto. Pero por otro lado, hay gente que es tu vida.

2 comentarios:

Jaime Agudo Villanueva dijo...

Amigos de verdad, muy pocos, pero mejor así.

Chemiical ReacTs dijo...

D: Que cruda realidad...

Flowers are growing all over my bones.

No pretendo en absoluto ser la más famosa de todo Blogger, no. Lo que intento es tener un rinconcito en la web para que amantes de la literatura y adictos al placer de escribir se tomen unos minutos para leer algún que otro relato, algún que otro párrafo y para opinar sobre mis minutos de tecleo nocturnos. La verdad, prefiero que os sinceréis conmigo criticando mis poligrafías de manera constructiva; -pues siempre se aprende más de lo que te han enseñado, reprochado y corregido-, que digáis 'está muy bien.' Por una vez, quiero que me juzguen por lo que escribo.