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11 de octubre de 2010

Mierda, la voy a echar de menos

Nuestro primer beso apenas una hora antes se había quedado lejano e intrascendente. Ahora sólo importaba el momento. Su cuerpo pegado al mío, sus mordiscos que casi me dolían, su lengua atravesando todo mi cuerpo con una precisión y una delicadeza digna de una mujer de semejante calibre... ese era el momento. Cada vez que la luz de las farolas de fuera iluminaba sus ojos me daban ganas de hacer puenting en sus pestañas para caer en sus labios. Ella tampoco se quedaba atrás, puesto que aunque no le hubiese preguntado nada, tenía la piel de gallina y sus mejillas ardían. Respiraba hondo. Y fue algo que me llamó la atención. Sus respiraciones sonaban mucho más fuerte que la música. Estaba encerrada en su burbuja, mirando hacia la pared, y algún que otro momento me miraba a mí. Pero ¿qué esperar de de una persona que cree que dar amor es acostarte sin necesidad de querer a alguien? ¿Qué habrían significado esos besos, esa lengua y esas caricias? ¿Qué habré significado yo? Uno más. Seguro.
¿Volveremos a hablar? No lo sé, de lo poco que sé de ella es que no va detrás de nadie. Tendré que buscarla yo.

Segundos después, me despierto. Son las seis. Está ella, pero no en mi cama. Intento ver a través de la luz de la mañana qué intenta hacer... se está vistiendo. Parece que se va. ¿Se va? La echaría de menos, pero sería una pérdida de tiempo. Para qué quiero yo echar de menos a una persona a la que le importo relativamente poco. Serían minutos gastados. Prefiero pasar esos minutos con ella. Mierda, la voy a echar de menos.
- ¿Te vas?
- Sí, supongo que es el sueño de todos los hombres, acostarse con una mujer y al despertarte, ¡PUF! Ya no hace falta ni despedirte.- se fue al baño y se miró su rostro en el espejo.- y encima sin ducharme ni nada, que con esta cara parezco una yonki.
- Vaya.
- Tú siempre dices vaya. Y no sé cuando es para bien o para mal. Aunque ahora prefiero no saberlo. Me voy.
- Uf... pero, ¿tan pronto?
- No quiero que mis padres se den cuenta de que he estado contigo. Y si llego a las 12 eso de 'irme de discoteca' no tendría sentido.
- Oh, vale.
- Así que me despido.
Se acercó lentamente y me besó en la frente. En la frente. ¿Qué significa eso? En los labios habría tenido más sentido. Pero sé que ella es muy extraña. Pero es por eso que me encanta.
- Escucha...
Se dió la vuelta y soltó una sonrisilla que me cautivó.
- Dime.
- Eres genial.
Se echó a reír.
- Ahora es cuando digo "Vaya". Pero vaya para bien. Tú tambien eres genial.
- Bueno, pero tú lo eres de verdad.
Miró al suelo y  cuando me volvió a mirar sacó el pulgar. Está claro que sigue siendo una niña. Tal vez sea eso lo que me guste de ella. Su cándida sonrisa, su torpe experiencia, sus ganas locas y su energía.
Y me seguía mirando. Parecía no querer irse. Me estaba pidiendo algo con esa mirada de perrito degollado. Reaccioné a tiempo:
- Quédate un ratito más, mujer.
Se echó a reír. No era lo que quería escuchar. Pero cedió.
- Hazme un huequecito anda. ¿O voy a tener que dormir en el suelo como los perros?
- No seas tonta, anda.
- Jejeje...
Nos miramos y me apoyé en su pecho.
- Hueles genial.
Como no, se echó a reír y me miró.
- Oh, ¡muchas gracias!
Su olor. Era un olor a adolescente coqueta que busca una independencia radical con un corazoncito escondido, rechazando cualquier sentimiento semejante al amor. Curioso en alguien de su edad. Cualquier otra chica de diecisiete años iría casi regalando su corazón a cualquiera. Y ella no. Ella me ha costado.
Y de repente, la luz del sol me ciega. Busco al otro lado del colchón su pelo, su cuerpo... pero no está. Encontré un trozo de papel con un número de teléfono. Ya era hora de dar con ella.

1 comentario:

HappyBrain dijo...

Waoh. Tienes que seguir esto.

Flowers are growing all over my bones.

No pretendo en absoluto ser la más famosa de todo Blogger, no. Lo que intento es tener un rinconcito en la web para que amantes de la literatura y adictos al placer de escribir se tomen unos minutos para leer algún que otro relato, algún que otro párrafo y para opinar sobre mis minutos de tecleo nocturnos. La verdad, prefiero que os sinceréis conmigo criticando mis poligrafías de manera constructiva; -pues siempre se aprende más de lo que te han enseñado, reprochado y corregido-, que digáis 'está muy bien.' Por una vez, quiero que me juzguen por lo que escribo.