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29 de septiembre de 2010

Lisa

Ella bebía los litros de leche a morro en casa de su tía todos los miércoles y no le importaba que se le mojase el pelo. Todas las tardes se sentaba en el mismo banco del parque de la plaza central del pueblo, y mientras se dejaba llevar por aquellas preocupaciones que yo desconocía movía su pie instinctivamente simulando la batería de cierta canción que la gente intentaba descifrar mientras pasaba por delante de ella.
No había día en el que Lisa fuera sin la sombra de ojos esparcida por sus sienes y por las ojeras. Quizá era de tanto llorar. O quizá le gustaba así.
¿A quién no le gustaba esa mirada con desgana y fugitiva de Lisa cubierta de negro mate? ¿A quién no le excitaba imaginársela quitándose esas medias de rejilla que estaban tan rotas? Simplemente, todos queríamos saber qué había en su interior.
Pero su tez pálida y su ropa negra no dejaban ver de qué materia estaba hecha. Era delgada y alta, podía ser una modelo. Y yo habría querido ser su fotógrafo. Por que sólo yo sabía como retratarla. Yo sólo sabía como hacerla viva y como transmitir esa sensación que provocaba cualquier parpadeo suyo.
En el colegio no prestaba antención alguna a las clases, pero sus exámenes no podían puntuarse más bajo que brillantísimo. Se sentaba al fondo de la clase, en el último pupitre, y sacaba hojas de papel reciclado. Y con su rotulador negro, dibujaba.
Nunca llegó a enseñar sus dibujos, no quería que el mundo tuviera ese privilegio. Odiaba la realidad. Odiaba a los humanos. Los odiaba tanto, que ella ya no se consideraba uno de ellos. Y efectivamente, dejó de serlo.
¿Conocía alguien su voz? Lo dudo. Nunca decía ni una palabra, y nunca la preguntaban nada, pues ya se esperaban esa boca muda que se limitaba a morderse los labios de vez en cuando. Sabíamos que no esperaba nada de la vida, con lo cual absolutamente nada le decepcionaba. ¿Y su sonrisa? Se escondía y de vez en cuando salía un poco de ella, cuando pensaba en la siesta que le esperaba por la tarde.
Y es difícil enamorarse de alguien a quien sólo ves en la lejanía, como un ser lívido y divino que pasea su mirada por los zapatos de la gente y los juzga por los cordones.

2 comentarios:

Anairo Draculesti dijo...

Es un relato corto fascinante, me ha gustado bastante.

"Y es difícil enamorarse de alguien a quien sólo ves en la lejanía, como un ser lívido y divino que pasea su mirada por los zapatos de la gente y los juzga por los cordones."

Y el final ha sido fantástico, algo triste e impactante.

Besos ^^

Anónimo dijo...

Simplemente fantástico :)

Flowers are growing all over my bones.

No pretendo en absoluto ser la más famosa de todo Blogger, no. Lo que intento es tener un rinconcito en la web para que amantes de la literatura y adictos al placer de escribir se tomen unos minutos para leer algún que otro relato, algún que otro párrafo y para opinar sobre mis minutos de tecleo nocturnos. La verdad, prefiero que os sinceréis conmigo criticando mis poligrafías de manera constructiva; -pues siempre se aprende más de lo que te han enseñado, reprochado y corregido-, que digáis 'está muy bien.' Por una vez, quiero que me juzguen por lo que escribo.